sábado 17 de noviembre de 2007

Omni - El Vals de los Duendes

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N o me voy a andar con rodeos: el 95% de la música hecha en el Estado Español me parece una auténtica e irritante mierda perpetrada por y para una pandilla de mentecatos que únicamente esperan una letra -que, en otro 95% de casos, resulta sonrojante-, sin importarles lo esencial y que verdaderamente define la obra: la música (véase ritmo, melodía, ejecución, etc). ¿Las excepciones? Cuando ésta se plantea, desde un primer momento, como un despropósito, como una sátira en clave de John Waters o, en nuestro caso, almodovariana (véase Chico y Chica, por ejemplo), o, bien, cuando el virtuosismo o el antagonismo al ombliguismo peninsular (también conocido como el estigma de lo latino) hacen acto de presencia.

De ahí que sean contados los grupos que me entusiasman o, para ser francos, que salvaría de ir directamente a un pozo negro: Adrià Puntí, los extintos Migala o varios de los -antaño- exponentes del progresivo estatal: Los Canarios, Bloque (particularmente, su Hombre, Tierra y Alma, siendo el resto de su obra bastante inferior) y los más efímeros Gotic (un único disco, Escènes), entre otros.

A esta lista habría que añadir los más recientes OMNI, el proyecto de un estadounidense, Mike Starry, que lleva desde los sesenta en tierras gaditanas y que en 1989 decide formar una banda con la que, junto a Chano Dominguez (ex-miembro de CAI), lanza un compendio de demos. Desgraciadamente, debido a discrepancias artísticas entre Starry y el resto del grupo, la revisión de las maquetas no llegaría hasta casi diez años después, bajo el título "Tras el Puente" y al otro lado del Atlántico, más concretamente en México, siendo el alma mater de OMNI, previamente abandonado por sus compañeros en 1992. Durante ese periplo en solitario por parte de Mike, se irá forjando el nuevo material de OMNI, El Vals de los Duendes (2001), rematado con la reincorporación de Salvador Vélez (guitarra y ritmo), José Luís Algaba (bajo) y Pepe Torres (saxo y flauta), un Larga Duración aplaudido por la crítica autóctona y extranjera, y que es el que nos ocupa en esta ocasión.

Ante todo, quisiera aclarar que, pese a que la ejecución de El Vals de los Duendes pueda evocar -con cierta razón- a algunos el buen hacer de Focus o los más conocidos Camel, OMNI se me antojan muchísimo más relajados y carentes de la energía que desprenden los rifs e instrumentos de los anteriores, algo también palpable respecto a otras bandas peninsulares -y también añejas- como Bloque. Tal diferencia no resulta en absoluto negativa, sino que contribuye a definir el propio sonido de la formación, influenciado a partes iguales por el espíritu jazzístico de Pepe Torres y el deje andalusí de sus predecesores Imán Califato Independiente o CAI.

Todo ello está perfectamente plasmado en las dos partes en que se puede dividir la obra. La primera, desde Casapuerta, con una perfecta combinación de viento y cuerda, especialmente durante el cénit posterior a la introducción, además de cierto acento arabesco, hasta Como la Noche y el Día, de reminiscencia italiana, en tanto en cuanto es el teclado quien lleva la nota cantante, tal y como se puede apreciear en algunas de las composiciones más famosas de Premiata Forneria Marconi. También estarían incluídas en dicho bloque, además de Rompeolas (de exótico percutir y que, pese al predominio de cuerda y teclados a partir de la mitad, no consigue eliminar el sonrojo que la hoterísima interpretación vocal ha provocado en el oyente a lo largo de los cinco primeros minutos), el tema homónimo, donde la guitarra de Starry, en un alarde de dominio, toma primeramente el mando, para ser relevada hacia el final por flauta y saxo, respectivamente, o una casi perfecta Ronda de las Dunas, donde las divisiones estructurales han sido marcadas con imperdonable poco arte (mediante un acusado fading, sin ir más lejos), empañando tanto el tono jazz a cargo del saxo, como la parte central, más rock y genuinamente sureña.

Por otro lado, el segundo grupo, formado por la segunda mitad del disco, supone un relativo bajón en cuanto a intensidad, prueba de ello es que, comparando las similares Charco la Rana y su predecesora, Como la Noche y el Día, observamos un relajamiento que no hará sino ir en aumento hasta alcanzar su culmen (valga la ironía) con Mexicali, mucho más jazz que rock, y el simplista interludio (2'55") Faro de Trafalgar, a base de tambores y flauta. En resumidas cuentas, como una transición del éxtasis al descanso.

Ahora, seis años más tarde, y con una banda casi renovada, OMNI acaban de sacar al mercado el que es su tercer álbum, Sólo fue un Sueño, y que, obviando los excelentes comentarios que ha suscitado, espero, tras haber disfrutado su antecesor, estéis deseando escuchar.

 

OMNI - El Vals de los Duendes (2001)

Publicado por Don Agrio a las 0:55 0 comentarios    

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